La genética inmortal
Los primeros días de junio fueron muy calurosos, todavía seguía pensando en la estrecha posibilidad de entablar una conversación, sobre una obra macabra con una de las mujeres más rudas de pleno siglo XXI. Mi papel como periodista, estuvo siempre cercano a la autodestrucción de mi propio bienestar, pero debía conseguir esta historia, por mi trabajo y el periódico. Cuando logre parquear el carro en frente del Centro Penitenciario de Ciencia, me entró un escalofrío que paso rápido con los primeros rayos candentes de sol, me quite las gafas y me prepare para la inspección. Por suerte era un hombre, pero aun así, era algo desagradable pasar por tales procesos solamente para hablar con la obra mayor o más conocida como “La científica sanguinaria”. Fue un caso que repercutió y sigue dejando marca en todo el país, y al que todos los periodistas eran atraídos como abejas para sacarle todo el jugo al escalofriante relato. —Abra bien las piernas, hombre.—le decía uno de los guardias a los ...